Anabasis
Anabasis 23Dado que el griterío se hacía más grande y más cercano, que los que avanzaban ininterrumpidamente se dirigían a la carrera al encuentro de los que gritaban sin parar y que el griterío se hacía mayor a medida que aumentaba el número de gente, pareció a Jenofonte 24que se trataba de algo más importante. Montó a caballo y, escoltado por Licio y sus jinetes, acudió en su ayuda. Y pronto oyen a los soldados que gritan: «¡Mar, mar!», y que lo transmiten de boca en boca. Entonces todos corrieron, incluso los de retaguardia. Las acémilas y los caballos eran azuzados también. Cuando todos llegaron 25a la cima, entonces se abrazaban los unos a los otros, estrategos y capitanes, llorando. Y de repente, sin importar quién transmitió la orden, los soldados trajeron piedras y levantaron un gran túmulo. Entonces colocaron 26encima gran cantidad de pieles de buey sin curtir, bastones y escudos de mimbre capturados en guerra, y el guía mismo cortaba los escudos de mimbre y animaba a hacerlo a los demás. Después de esto, los griegos 27despiden al guía, habiéndole dado como presentes de la comunidad un caballo, una copa de plata, un vestido persa y diez daricos. Él les pedía, sobre todo, anillos y obtuvo muchos de los soldados. Después de haberles indicado un lugar donde acampar y el camino por el que podrían llegar al país de los macrones, regresó por la noche.