Sempiterno
Sempiterno En el sótano improvisado, Kyran —el niño que cuidan— duerme aferrado a una pantera de peluche deshilachada. El gato Bigotitos, testigo mudo de las pérdidas, acecha en las sombras. El grupo ha convertido lo inaceptable en rutina: robar para alimentarse, esconderse para no morir, entrenar como animales acorralados.
Caleb, envuelto en un caparazón de culpa, apenas habla. Ha dejado de ser el lÃder carismático que inspiraba a los demás. Ahora, solo piensa en Sawyer. En lo que le harÃa si lo tuviera frente a él.
—Si lo encontrara... no lo interrogarÃa. Lo matarÃa —piensa en voz baja mientras cose la oreja del peluche de Kyran.
Bex intenta mantener al grupo unido, pero incluso ella empieza a agrietarse. Su mirada se pierde más de lo normal. Iver la vigila con recelo. Sabe que su hermana no es la misma desde aquella noche. Ninguno lo es. La casa que habitan no solo está rota. Ellos también.
Mientras tanto, Brendan entrena a Victoria en secreto, en otro rincón del mundo. La golpea, la exige, la obliga a ignorar el dolor. No es crueldad sin sentido. Es supervivencia. Pero cada golpe deja algo más que un morado. Deja una grieta entre lo que fueron y en lo que se están convirtiendo.
—Céntrate —le gruñe Brendan mientras ella esquiva otro ataque.
—Estoy aburrida. Esto parece una guerrilla.