Las tropas de la muerte
Las tropas de la muerte El capitán Jareth Sartoris , con su semblante de acero y su voz rasposa, no vaciló cuando ordenó la expedición al destructor estelar . Desde el puente de mando, observó la nave flotando a la deriva, oscura y ominosa. No había señales de vida, pero algo en su intuición —o tal vez en las sombras que cruzaban las pantallas de monitoreo— le decía que esa misión no sería sencilla. Aún así, la Purga necesitaba piezas de repuesto, y esa colosal nave abandonada era su única esperanza. Si no lo intentaban, todos morirían. Sartoris eligió a los hombres más fuertes y mejor armados para la tarea. Cargaron sus rifles y se abrocharon las armaduras sin decir una palabra, el peso del deber hundiéndolos.
Trig y Kale , observando desde las sombras, ya sentían el mal presagio. No era solo el silencio que envolvía a la tripulación, ni las miradas tensas que intercambiaban los guardias. Era algo más profundo, algo que se había asentado en sus huesos desde el momento en que la Purga se había detenido. El aire estaba cargado de peligro, como si el espacio mismo estuviera esperando para tragárselos. Y cuando las puertas del destructor se abrieron con un crujido metálico ensordecedor, ese sentimiento se intensificó.
