No traiciones a mi corazón
No traiciones a mi corazón Mientras se alejaba, sintió el peso de la mirada de Ranulf sobre ella, una mezcla de desafío y algo más oscuro, algo que no podía descifrar. En su interior, una duda comenzó a crecer. Había invitado a una fiera al castillo, y aunque la mantenía atada por un acuerdo, sabía que no sería fácil domarla.
La lluvia comenzó a caer al anochecer, apagando los restos de los fuegos que habían asolado las puertas exteriores del castillo. Reina observaba desde su cámara superior, las gotas deslizándose por los cristales como un eco de sus pensamientos. Las palabras de Ranulf seguían resonando en su mente: "Tu castillo está mal defendido, y tus hombres carecen de entrenamiento." Tenía razón, y odiaba que lo tuviera.
No tuvo tiempo para sumirse más en sus reflexiones. Un golpe seco en la puerta la devolvió al presente.
—Adelante —dijo, ajustándose el chal para ocultar su tensión.
Ranulf entró sin esperar invitación formal, con el cabello húmedo y su figura recortada por la luz titilante de las antorchas del pasillo. Cerró la puerta tras de sí y avanzó hasta quedar a pocos pasos de ella.
—No me gustan las distracciones —dijo con su voz grave—, y tu indecisión lo es. Si vamos a ganar esta guerra, debes decidir si quieres seguir siendo una figura decorativa o liderar como es debido.
