Kenobi
Kenobi Respira hondo y extiende la mano.
La Fuerza se mueve a través de él. Invisible. Silenciosa. Poderosa.
La arena se levanta como un muro entre los combatientes. Por un instante, la batalla se congela.
Los colonos aprovechan la distracción. Huyen.
Y en el caos, A’Yark se gira. Sabe que esto no fue natural.
Sus ojos oscuros se clavan en Ben, a pesar de la distancia. Lo ha visto.
Lo ha sentido.
Y no lo olvidará.
El desierto no olvida.
Los colonos regresan a Anchorhead heridos, aterrados, humillados. Lo que debÃa ser una victoria fue una masacre. Orrin Gault no habla. Su rostro es una máscara de ira contenida.
—Nos tendieron una trampa —gruñe uno de los sobrevivientes.
—No —dice Orrin, con el puño cerrado—. Alguien nos traicionó.
Sus ojos recorren el pueblo. Buscando culpables.
Ben Kenobi escucha desde las sombras. Su acto no pasó desapercibido. Siente la sospecha en el aire.
Y lo peor: A’Yark lo vio.
