La vieja guardia
La vieja guardia El campamento sigue en pie, pero no es el mismo. La noche anterior, eran más. Ahora, las camas vacÃas en la barraca son un recordatorio cruel de lo que significa estar en la guerra.
John se sienta en una caja de municiones, mirando su rifle. Sus manos deberÃan temblar, pero no lo hacen. Este cuerpo nuevo no se cansa, no se quiebra.
—Sigues vivo, ¿eh?
Benton camina hacia él, apoyándose en una muleta. Pierna nueva. Carne artificial.
—Por poco —responde John.
—Ruiz sigue queriendo matarte.
John suelta una carcajada seca.
—No serÃa la guerra sin eso.
Pero lo cierto es que Ruiz no ha dicho una palabra desde que volvieron. Y eso no es una buena señal.
A la mañana siguiente, el sargento aparece con nuevas órdenes.
—Nos vamos.
Nadie pregunta adónde. En la guerra, no preguntas.
La columna de soldados se pone en marcha, avanzando por la selva alienÃgena con los rifles listos. El aire es húmedo, el suelo es blando y el sol arde como un cuchillo caliente.