Sigo siendo yo
Sigo siendo yo La vida con Margot era dura y a la vez extrañamente liberadora. No habÃa necesidad de fingir sonrisas ni acatar protocolos de alta sociedad. Solo habÃa que ser útil, rápida, y, sobre todo, auténtica. Algo que Lou habÃa olvidado cómo hacer.
Mientras tanto, Sam, desde Londres, seguÃa enviándole mensajes llenos de cariño y añoranza. Pero la distancia —no solo geográfica, sino emocional— se sentÃa más grande que el océano Atlántico.
—¿TodavÃa me quieres? —le escribió una noche Lou, la soledad mordiéndole los dedos.
—Siempre —respondió él—. Pero tienes que averiguar quién eres tú antes.
Con el paso de los dÃas, Margot se convirtió en algo más que una jefa; fue una mentora brutalmente honesta, alguien que, al igual que Lou, habÃa amado y perdido, y que entendÃa que la vida no siempre era justa, pero siempre merecÃa ser peleada.
Margot la envió a entrevistas de trabajo, la instó a aprender, a explorar, a expandir sus horizontes más allá de los lÃmites de su miedo.
—La vida no espera a las almas delicadas, Louisa —le dijo una tarde, mientras hojeaban viejos álbumes de fotos—. O te aferras a ella con las dos manos o te la arrebatan.