Sigo siendo yo
Sigo siendo yo La propuesta que Lou recibió poco después la tomó por sorpresa: Margot, consciente de su talento, la invitó a considerar abrir su propia boutique en Londres, un espacio donde la autenticidad fuera la regla, no la excepción.
Por primera vez, Lou entendió que sus sueños no tenían que estar atados a alguien más. Que podía amarse a sí misma y al mismo tiempo amar a alguien más, sin perderse en el proceso.
La decisión de regresar a casa no fue fácil. Nueva York le había dado tanto: dolor, sí, pero también fuerza, visión y una nueva versión de sí misma.
La mañana de su partida, mientras cerraba la cremallera de su maleta, Lou se detuvo frente al espejo. Se miró largo rato. No llevaba uniforme, ni un vestido prestado, ni un disfraz de lo que otros esperaban de ella.
Llevaba un vestido amarillo chillón, comprado con su primer sueldo nuevo, y una sonrisa genuina.
—Sigo siendo yo —murmuró, y esa simple frase se sintió como una victoria.
Mientras el taxi avanzaba hacia el aeropuerto, la ciudad desfilaba ante sus ojos: luces, edificios, historias en movimiento.
Lou cerró los ojos y pensó en Will, en Nathan, en Agnes, en Margot, en Sam, en ella misma.