Milei
Milei "La casta" es el enemigo perfecto: difuso, ubicuo, intangible. Un concepto que Milei convierte en eje de su retórica y que funciona como contenedor simbólico del mal: políticos tradicionales, burócratas, sindicalistas, empresarios prebendarios, periodistas alineados, intelectuales funcionales. Todos entran. Todos son responsables. Es una categoría moral más que estructural, que transforma la política en un campo de batalla épico entre “la gente de bien” y los saqueadores del sistema. El discurso no distingue entre partidos, trayectorias o ideas: basta con haber participado en el poder para ser parte del enemigo. En esa simplificación brutal se esconde su potencia: elimina matices, exige alineamientos, genera una emoción inmediata. Así, Milei se posiciona como el outsider puro, el vengador del pueblo traicionado, el exorcista del Estado corrupto. Incluso sus propias contradicciones o alianzas con viejos políticos son neutralizadas con esta narrativa: si son aliados, entonces no eran casta. La categoría se redefine según la conveniencia. Es una herramienta de polarización constante que dinamita los puentes del diálogo y obliga a tomar partido. En la Argentina del desencanto, la guerra contra la casta reemplaza la política por el combate moral.