Yawar fiesta
Yawar fiesta Un toro salvaje recorre la puna como un mito vivo, mientras los comuneros de Puquio preparan su fiesta de sangre, desafiando la orden del gobierno que pretende sofocar su tradición. La tensión crece: ¿quién domará a la bestia, al toro o al poder central? En la sierra del Perú, la resistencia se afila entre ayllus, machetes y silencio. La sangre aún no corre, pero el tiempo se agota.
Puquio duerme entre cerros como una herida que no cierra. Sus cuatro ayllus —K’ayau, Pichk’achuri, Chaupi y K’ollana— laten al margen del jirón BolÃvar, ese sendero de calamina y poder donde los mistis, los señores blancos y mestizos, ejercen su dominio. Desde lo alto de Sillanayok’ se ve el pueblo como un mapa de tensiones: arriba, las casas simétricas de los ricos; abajo, el caos vital de los comuneros. Esta es la tierra de los quechuas, donde la sangre no se olvida y la tierra se defiende con dientes, con quenas y con aguardiente.
—¡Pueblo indio! —escupen algunos viajeros al llegar desde la costa. Pero para quienes viven allÃ, es el centro del mundo. Un mundo partido en dos: los mistis, con sus leyes, y los indios, con sus rÃos, sus piedras tutelares y una lengua que canta incluso cuando grita.
