La profecÃa del abad negro
La profecÃa del abad negro —Suficiente para saber que algunas puertas no deben abrirse.
Ada golpeó el escritorio.
—¡No tengo elección!
Nora suspiró.
—Hace años, otra mujer hizo las mismas preguntas.
—Eleanor Boyle…
La directora la observó con fijeza.
—Asà es.
—¿Qué le pasó?
Nora apartó la mirada.
—Nunca la encontraron. Una noche desapareció… Y su casa quedó vacÃa, pero con las puertas abiertas.
Ada sintió su pulso acelerarse.
—Esto no es solo una leyenda, ¿verdad?
Nora negó con la cabeza.
—No.
—¿Cómo lo detengo?
—Tal vez no puedas.
El viento aulló en los pasillos. Un golpe sordo resonó en las paredes.
—¿Qué fue eso? —preguntó Ada.
Nora se levantó lentamente.
—No estamos solas.
Un crujido en la puerta.