La profecÃa del abad negro
La profecÃa del abad negro Ada despertó en el suelo frÃo de la oficina. Su cuerpo temblaba, su mente era un torbellino de imágenes difusas. El abad. Las sombras. El susurro llamándola por su nombre.
La oficina estaba vacÃa.
—¿Nora…?
El silencio respondió.
Se levantó con esfuerzo. Las velas estaban apagadas. La única luz venÃa de la ventana, donde la luna flotaba en un cielo inquietantemente despejado.
Pero entonces lo notó.
La puerta de la oficina estaba abierta.
Ada avanzó con pasos inseguros. El pasillo parecÃa más largo. Más oscuro.
Cada sombra en las esquinas parecÃa moverse. Respirar.
La marca en su muñeca latÃa como un segundo corazón.
Y entonces, lo vio.
Al final del pasillo, la abadÃa.
Pero no las ruinas.
No. La abadÃa estaba entera.
Como si el tiempo hubiera dado un salto atrás.
—Esto no es real… —susurró.
Pero sus pies ya la estaban llevando hacia allÃ.
LA CEREMONIA PROHIBIDA Cruzó el umbral. Las puertas de la abadÃa se cerraron detrás de ella.
