El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 4:4 Porque el Señor Dios ha dicho que: Al grado que guardéis mis mandamientos, prosperaréis en el paÃs; y si no guardáis mis mandamientos, seréis desechados de mi presencia.
4:5 Mas he aquÃ, mis hijos e hijas, no puedo descender a la tumba sin dejar sobre vosotros una bendición; porque he aquÃ, sé que si sois instruidos en la senda que debéis seguir, no la abandonaréis.
4:6 Por tanto, si sois maldecidos, he aquÃ, dejo mi bendición sobre vosotros, para que os sea quitada la maldición, y recaiga sobre la cabeza de vuestros padres.
4:7 Por tanto, a causa de mi bendición el Señor Dios no permitirá que perezcáis; por tanto, será misericordioso con vosotros y con vuestra posteridad para siempre.
4:8 Y aconteció que luego que mi padre hubo concluido de hablar a los hijos de Lamán, hizo venir ante él a los hijos e hijas de Lemuel.
4:9 Y les habló diciendo: He aquÃ, mis hijos e hijas, vosotros que sois hijos e hijas de mi segundo hijo, he aquÃ, os dejo la misma bendición que dejé a los hijos e hijas de Lamán; por consiguiente, no seréis destruidos por completo, sino que al fin vuestra descendencia será bendecida.