El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 3:18 Pues he aquÃ, han rechazado las palabras de los profetas. Por tanto, si mi padre hubiera permanecido en el paÃs después de habérsele mandado salir de él, habrÃa perecido también. Por lo que ha sido necesario que salga del paÃs.
3:19 Y he aquÃ, es prudente para Dios que obtengamos estos anales a fin de que preservemos para nuestros hijos el idioma de nuestros padres;
3:20 y también para preservarles las palabras que han salido de la boca de todos los santos profetas, las cuales les han sido dadas por el EspÃritu y poder de Dios, desde el principio del mundo, hasta el dÃa de hoy.
3:21 Y aconteció que, hablando de este modo, persuadà a mis hermanos a que fueran fieles en guardar los mandamientos de Dios.
3:22 Y sucedió que descendimos a la tierra de nuestra herencia y recogimos nuestro oro, y nuestra plata y todos nuestros objetos preciosos.
3:23 Y después de haber recogido estas cosas, volvimos a la casa de Labán.
3:24 Y acaeció que entramos donde estaba Labán, y le pedimos que nos diera los anales que estaban grabados sobre las planchas de bronce, a cambio de los cuales le entregarÃamos nuestro oro, y nuestra plata, y todas nuestras cosas preciosas.