El Libro de Mormón
El Libro de Mormón 36:18 Y al concentrarse mi mente en este pensamiento, clamé dentro de mi corazón: ¡Oh Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mà que estoy en la hiel de amargura, y ceñido con las eternas cadenas de la muerte!
36:19 Y he aquà que cuando pensé esto, ya no me pude acordar más de mis dolores; sÃ, dejó de atormentarme el recuerdo de mis pecados.
36:20 Y ¡oh qué gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! SÃ, mi alma se llenó de un gozo tan profundo como lo habÃa sido mi dolor.
36:21 SÃ, hijo mÃo, te digo que no podÃa haber cosa tan intensa ni tan amarga como mis dolores. SÃ, hijo mÃo, y también te digo que por otra parte no puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo.
36:22 SÃ, me pareció ver —asà como nuestro padre Lehi vio— a Dios sentado en su trono, rodeado de innumerables concursos de ángeles en actitud de estar cantando y alabando a su Dios; sÃ, y mi alma anheló estar allÃ.
36:23 Mas he aquÃ, mis miembros recobraron su fuerza, y me puse de pie, y manifesté al pueblo que habÃa nacido de Dios.