Ulises
Ulises Miró el ganado, desdibujado en un calor de plata. Olivos espolvoreados de plata. Largos días apacibles: maduran las ciruelas. Las aceitunas se envasan en tarros, ¿eh? Me quedan unas pocas de Andrews[20]. Molly escupiéndolas. Ahora conoce su gusto. Naranjas en papel de seda embaladas en canastos. Limones también. Me gustaría saber si todavía vive el pobre Citron en la parada de San Kevin. Y Mastiansky con su vieja cítara. Agradables veladas tuvimos entonces. Molly en la silla de mimbre de Citron. Agradable tomar fresca fruta, cerosa, tenerla en la mano, llevarla a la nariz y aspirar el perfume. Así, pesado, perfume dulce, salvaje. Siempre la misma, año tras año. También conseguían precios altos, me dijo Moisel. Arbutus, calles placenteras, placenteros viejos tiempos. Tiene que ser sin un fallo[21], dijo él. Recorriendo todo ese camino: España, Gibraltar, Mediterráneo, el Levante. Canastos alineados a lo largo del muelle de Jaffa, el mozo controlándolos en su libro, los peones que los manejan visten monos llenos de porquería. Allí salió elquecomolollamas. ¿Cómo está usted? No ve. El mozo al que se conoce sólo de vista es un poco aburrido. Su espalda es como la de aquel capitán noruego[22]. ¿Lo encontraré hoy? Carro de riego. Para provocar la lluvia. En la tierra como en el cielo.
Una nube comenzó a cubrir el sol enteramente, lentamente, enteramente. Gris. Lejos.