Ulises
Ulises El sacerdote rezó:
—Bienaventurado Miguel, arcángel, defiéndenos en la hora del peligro. Sé nuestro guardián contra la maldad y las asechanzas del demonio (quiera Dios reprimirlo, humildemente rogamos) y tú, ¡oh prÃncipe de la hueste celestial!, por el poder de Dios arroja a Satanás al infierno y junto con él a esos otros espÃritus malvados que vagan por el mundo para la ruina de las almas.
El sacerdote y el monaguillo se pusieron de pie y se alejaron. Se acabó todo. Las mujeres permanecieron detrás: acción de gracias.
Mejor irse. Hermano Zumbón. Tal vez viene con el platillo. Paga tu contribución pascual.