Ulises
Ulises —Sà —dijo el señor Bloom—. Pero lo gracioso es que…
—Y Reuben J. —prosiguió Martin Cunningham— dio un florÃn al barquero por haber salvado la vida de su hijo.
Un suspiro ahogado se escapó por debajo de la mano del señor Power.
—SÃ, sà —afirmó Martin Cunningham—. Como un héroe. Un florÃn de plata.
—¿No es bueno eso? —preguntó enfáticamente el señor Bloom.
—HabÃa un chelÃn y ocho peniques de más —dijo el señor Dedalus secamente.
La risa ahogada del señor Power se desató quietamente en el coche.
La columna de Nelson.
—¡Ocho ciruelas por un penique! ¡Ocho por un penique!
—TendrÃamos que parecer un poco más serios —dijo Martin Cunningham.
El señor Dedalus suspiró.
—Por lo demás —dijo—, el pobrecito Paddy no nos criticarÃa por reÃr. Anda que no le gustaba contar chismes.