Ulises
Ulises —¿Por qué no han de aceptar ustedes los judíos nuestra cultura, nuestra religión y nuestro idioma? Ustedes son una tribu de pastores nómadas; nosotros un pueblo poderoso. Ustedes no tienen ciudades ni riqueza: nuestras ciudades son colmenas humanas y nuestras galeras, trirremes y cuadrirremes, cargadas con toda clase de mercancías, surcan las aguas del mundo conocido. Ustedes apenas si acaban de emerger del estado primitivo: nosotros tenemos una literatura, un sacerdocio, una historia milenaria y una forma de gobierno.
El Nilo.
Niño, hombre, efigie.
A la orilla del Nilo las nodrizas se arrodillan, cuna de juncos; un hombre ágil en el combate: petricornado[83], petribarbado, corazón de piedra.
—Ustedes oran a un ídolo local y oscuro: nuestros templos, majestuosos y misteriosos, son la morada de Isis y Osiris, de Horus y Ammon Ra. Los vuestros servidumbre, el temor y la humanidad: los nuestros el trueno y los mares. Israel es débil y sus hijos pocos; Egipto es un ejército y sus armas terribles. Vosotros sois llamados vagabundos y jornaleros: ante nuestro nombre se estremece el mundo.
Un mudo eructo de hambre rajó su discurso. Levantó su voz por encima de él con desparpajo.