Ulises
Ulises Un mozo mal ceñido recogía pegajosos platos repiqueteantes. Rock, el encargado, de pie frente al mostrador, sopló la espumosa corona de su pichel. Bien rasado: salpicó amarillo cerca de su bota. Un comensal, cuchillo y tenedor tiesos, codos sobre la mesa, listo para repetir miraba hacia el montacargas por encima de su manchado cuadrado de papel de diario. Otro tipo contándole algo con la boca llena. Simpático oyente. Conversación de mesa. Lun corontré l luns nel’Unchster Bunk. ¿Eh? ¿De veras?
El señor Bloom levantó dos dedos dudosamente a sus labios. Sus ojos dijeron:
—Aquí no. No lo veo.
Afuera. Me revienta ver sucios comiendo.
Retrocedió hacia la puerta. Tomaré un bocado en Davy Byrne[60]. Para engañar al hambre. Nada más que para sostenerme. Tomé un buen desayuno.
—Asado y puré aquí.
—Pinta de cerveza.
Cada hombre de por sí, diente y uña. Chupa. Traga. Chupa. Bocas llenas.
Salió al aire fresco y retrocedió hacia Grafton Street. Comer o ser comido. ¡Mata! ¡Mata!