Ulises
Ulises —¡Ahaaaaaaaaaajá!
—Hubo una mujer[77] —dijo Nosey Flynn— que se escondiĂł en un reloj para ver quĂ© es lo que hacĂan. Pero ¡demonios! La olieron y le hicieron jurar allĂ mismo como maestro masĂłn. Era una de las Saint Legers de Doneraile.
Davy Byrne, hastiado después de su bostezo, dijo con los ojos llenos de lágrimas:
—¿Y es cierto eso? Hombre tranquilo y decente es. Viene por aquà a menudo y nunca lo vi, me entiende, pasarse de rosca.
—Ni Dios Todopoderoso podrĂa hacerlo emborrachar —dijo Nosey Flynn firmemente—. Se escurre cuando la diversiĂłn se empieza a poner caliente. ÂżNo le vio mirar a su reloj? ¡Ah!, usted no estaba allĂ. Si usted lo invita a tomar algo lo primero que hace es sacar el reloj para ver quĂ© es lo que debe beber. Declaro ante Dios que lo hace.
—Hay algunos que son asà —afirmĂł Davy Byrne—. Es un hombre seguro, dirĂa yo.
—No es malo, no —dijo Nosey Flynn, haciendo una aspiración—. Se sabe de gente a la que ha ayudado. Hay que ser justo hasta con el diablo. ¡Oh!, Bloom tiene sus cosas buenas. Pero hay algo que nunca hará.
Su mano garabateĂł una firma al lado de su grog.
—Ya —dijo Davy Byrne.
—Nada por escrito —agregó Nosey Flynn.