Ulises
Ulises Ideas en ataúdes alrededor mÃo, en cajas de momias, embalsamadas en especia de palabras. Tot, dios de las bibliotecas, un dios pájaro, coronado por la luna. Y yo escuché la voz de ese sumo sacerdote egipcio. En cámaras pintadas cargadas de tejas libros.
Quietas. Una vez fueron inquietas en los cerebros de los hombres. Quietas: pero un prurito de muerte en ellas, para contarme un cuento lacrimógeno al oÃdo y para urgirme a vindicar su voluntad.
—Ciertamente —meditó John Eglinton—, de todos los grandes hombres él es el más enigmático. Sólo sabemos que vivió y sufrió. Ni siquiera tanto. Otros avalan nuestra pregunta. Una sombra se extiende sobre todo lo demás.
—Pero Hamlet es tan personal, ¿no es cierto? —adujo el señor Best—. Quiero decir, una especie de diario Ãntimo, saben, de su vida privada. Quiero decir que me importa un pito, saben, quién muere o quién es culpable…
Apoyó un inocente libro sobre el borde del escritorio, sonriendo su desafÃo. Sus memorias Ãntimas en el original. Ta an bad ar an tir. Tima imo shagart[42]. Ponle farfulla inglesa encima, littlejohn.
Anotó littlejohn Eglinton: