Ulises
Ulises —Naturalmente, yo soy británico —dijo la voz de Haines— y pienso como tal. Tampoco quiero ver caer a mi paÃs en las manos de esos judÃos alemanes. Mucho me temo que ése sea nuestro problema nacional en este preciso momento.
Dos hombres estaban parados al borde de la escollera, observando: un hombre de negocios, un marino.
—Va en dirección al puerto Bullock[51].
El marino señaló con la cabeza, con cierto desdén, hacia el norte de la bahÃa.
—Hay cinco brazas allà —dijo—. Cuando venga la marea de la una lo arrastrará por ese lado. Hoy hace nueve dÃas[52].
El hombre que se ahogó. Una vela virando en la bahÃa vacÃa, esperando que un bulto hinchado salga a flote, que vuelva hacia el sol una cara inflada, blanca como de sal. Aquà estoy yo.
Siguieron el camino tortuoso, bajando hasta la ensenada. Buck Mulligan estaba de pie sobre una piedra, en mangas de camisa, su corbata suelta ondeando sobre el hombro. Un hombre joven, aferrándose a un espolón de roca próximo a él, movÃa lentamente sus piernas verdes, como una rana, en la profunda jalea del agua.
—¿Está tu hermano contigo, Malachi?
—Está abajo, en Westmeath[53]. Con los Bannon.