El loco
El loco El ascenso de Javier Milei no fue solo político, fue un fenómeno cultural. Su imagen rompió con los moldes del dirigente clásico: pelo desordenado, gritos en televisión, insultos sin filtro, frases extremas y una narrativa simple pero efectiva. En una Argentina harta de crisis, inflación, inseguridad y corrupción, su mensaje encontró terreno fértil. Lo que empezó como una caricatura mediática se transformó en una fuerza electoral real. Pasó de no tener partido propio a obtener el 17% de los votos en Capital en su primera elección.
Milei logró lo que parecía imposible: desplazar el eje del debate público. Instauró temas impensados en la agenda política como la venta de órganos, la libre portación de armas, la eliminación del Estado, la negación de los desaparecidos o la idea de que el salario mínimo debía desaparecer. Lo hizo con recursos narrativos simples, muchas veces brutales, que conectaban con la bronca social. Transformó el enojo colectivo en un grito articulado que decía: “La culpa es de todos los que estuvieron antes”.
