Pedro Páramo
Pedro Páramo Doña Eduviges me hablaba de Susana San Juan como de una sombra trágica en la vida de Pedro Páramo, una mujer que había atraído al cacique con una fuerza que él mismo no lograba comprender. Según ella, Susana era una figura tan irreal como Comala misma: atrapada en sus recuerdos, en los fragmentos de una vida rota. No se trataba de amor, me decía, sino de una obsesión. Pedro no quería a Susana como un hombre quiere a una mujer; él la quería como si quisiera poseer su esencia, su locura y sus pesadillas. Era una necesidad insaciable que ella nunca le concedió, ni en vida ni en muerte.
“Susana…”, dijo doña Eduviges, mirando al vacío con un dejo de melancolía. “Era como una luz rota en medio de tanta oscuridad. Él pensaba que podía controlarla, que podría poseerla como hizo con todo aquí en Comala. Pero ella… ella era intocable, y eso lo volvía loco.”
