Esto no existe
Esto no existe Esta lógica identitaria ha convertido a muchas personas en ciudadanos de segunda categoría, incapaces de defenderse, de contar su versión, de obtener justicia. También ha degradado la confianza en el sistema: si la ley aplica distinto según quién eres, deja de ser ley y se convierte en ideología disfrazada de norma. La devastación no solo es jurídica: es moral, simbólica y emocional. Porque nadie debería tener que demostrar su inocencia solo por ser quien es.
No hay refugios. No hay líneas telefónicas. No hay campañas. No hay ayuda psicológica gratuita. No hay recursos específicos. Para el hombre víctima de violencia —sea física, psicológica, económica o institucional— el sistema no ha previsto nada. Si denuncia, es mirado con desconfianza. Si llora, se le cuestiona su virilidad. Si sufre, se le pide que lo resuelva en silencio. La estructura legal ha sido diseñada con un único sujeto protegido, y fuera de ese molde no hay espacio.
