El corazón de una Bridgerton
El corazón de una Bridgerton El aire estaba cargado de algo intangible, una mezcla de alivio y tensión que se sentía en cada rincón de la casa. Después de esa confesión en el jardín, Michael y Francesca intentaron mantener la compostura, pero cada encuentro casual, cada palabra intercambiada, estaba impregnada de un nuevo significado. El mundo exterior seguía su curso, pero para ellos, todo había cambiado.
Una noche, mientras la lluvia golpeaba los ventanales con furia, Francesca decidió que ya no podía seguir viviendo en las sombras de lo que sentían. Encontró a Michael en la biblioteca, inclinado sobre un libro que claramente no estaba leyendo. Cuando ella entró, él levantó la vista, y sus ojos se encontraron.
—No puedo seguir así, Michael —dijo ella, su voz firme pero cargada de emoción.
Él dejó el libro a un lado y se levantó, con una expresión cautelosa. —¿Qué quieres decir?
Francesca avanzó hacia él, cerrando la distancia que los separaba. —Nos escondemos, fingimos que podemos seguir adelante como si nada hubiera cambiado, pero todo ha cambiado. Estoy cansada de luchar contra esto.
Michael apretó la mandíbula, el conflicto reflejado en cada línea de su rostro. —Francesca, no es tan simple. Sabes que no lo es.