Te doy mi corazón
Te doy mi corazón Las criadas revolvieron viejos baúles hasta encontrar un vestido de gala de la difunta madre del conde. Era de seda plateada, con delicadas incrustaciones de perlas y una falda acampanada. Cuando Sophie se lo probó, apenas pudo reconocerse en el espejo. "¿Soy yo?", murmuró, tocándose el cabello, peinado en un moño elegante por las manos expertas de las criadas. La señora Gibbons le sonrió: "Esta noche serás la reina del baile, Sophie. Que nadie te diga lo contrario".
Sophie sonrió, sintiendo por primera vez en años un resquicio de felicidad. Con el antifaz en las manos y los zapatos ajustados, supo que esa noche sería especial.
Benedict queda fascinado por la misteriosa dama con la que baila y conversa hasta la medianoche. Sophie, sin embargo, debe huir antes de que el hechizo se rompa, prometiéndose no olvidar jamás esa noche mágica.
