Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Esperad-contestóle aquél sacando un papel de su ropilla.
Interrumpía su lectura para fijarse sucesivamente en la dama, en el pastelero y en el fraile,
Aquella operación hizo que éste arrugase el entrecejo.
Al pronto estaba confiado, y se hubiera atrevido a afirmar que aquella tropa no iba en busca de ellos, puesto que parecía proceder de Valladolid, donde no podía haber llegado la noticia de sn fuga,
Su persecución hubiera partido de Madrigal o de Olmedo.
Pero con su fina nariz de sabueso adivinó, lo que pasaba.
Comprendió que lo que el escribano leía eran las señas personales de alguno, de algunos más bien, puesto que para cotejarlas se dirigía a los tres.
Y era una coincidencia muy sospechosa que entre aquellas señas estuviese también las de una mujer.
A medida que el escribano leía y cotejaba, pintábase en su rostro cierta satisfacción, como 1a que expresa la mirada de un perro que ha dado al fin con la pieza que persigne,
Aquello fué lo que hizo que fray Miguel frunciera el entrecejo.