Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Apenas se retiró el alcaide, después de hacer su acostumbrada requisa, se dirigió hacia la reja, y empezó a trabajar.
Lo hacía con ardor, pero al mismo tiempo con cuidado para que la lima no se rompiese.
Andrea le hubiera proporcionado otra, pero se perdía un tiempo precioso.
Y no le tenía tan de sobra para desperdiciar ni un minuto.
Muchas veces pierde un hombre la vida por haber desaprovechado este breve espacio de tiempo.
Un prisionero que trabaja para evadirse, todo se lo debe a su actividad.
El descanso es un lujo de que no hace uso nunca: si no se malogra su empresa, tiene tiempo de sobra para descansar.
Fray Miguel se detenía únicamente para enjugar el sudor copioso que inundaba su rostro.
Después volvía a su trabajo.
En medio de aquella soledad, de aquellas profundas tinieblas, se oía un ruido sordo, apenas perceptible.
Eran los dientes del ratón que roían la red donde estaba preso el rey de las selvas.
Cada movimiento de avance de la lima era un paso que daba hacia la libertad.