Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Aquella noche, después de cenar, Roberto asomóse a la ventana de su estancia.
En el campo reinaba el más profundo silencio, solamente interrumpido a cortos intervalos por los cantos de las aves nocturnas o los de algún insecto.
La luna bañaba con su argentada luz las elevadas cúspides del monte.
Los valles, cubiertos de una vegetación incomparable a la de ningún otro paÃs, hallábanse en cambio sumidos en la más completa oscuridad.
—¡Qué hermosa noche!-exclamó Roberto, sintiendo nacer en su corazón el deseo dé dar una vuelta por el campo.
Cualquier otro, antes de aventurarse por aquellas soledades, hubiese dicho a alguno de sus colonos que le acompañase, pero el capitán Roberto no quiso hacerlo.
Tal vez deseaba la soledad.
Descolgó de su manoplia una escopeta, reconoció el cebo, púsose a la cintura las bolsas de las municiones, y silbando a su viejo lebrel, que dormitaba bajo una mesa, aventuróse por el campo.
La noche estaba verdaderamente espléndida.
Millares de estrellas titilaban en el espacio, como diseminadas partÃculas de oro.
