Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Eso desde luego. Tanto que, en su virtud, hasta olvido los antiguos resentimientos que con él tenÃa. Deber de conciencia era, sin embargo, advertiros las condiciones de ese hombre, para que os prevengáis.
—Hoy no creo que continúe con sus malas costumbres.
—No obstante, yo creo que el hombre que se ha pasado la mayor parte de su vida en la sierra cometiendo todo género de desmanes, no puede nunca llegar a ser un modelo de virtudes.
—Eso desde luego.
—Muy justo es que le agradezcamos que se haya opuesto a los inicuos propósitos del cacique; pero ni vos ni yo podemos dar el tÃtulo de amigo a un hombre de sus condiciones.
—No obstante, yo no me atreveré nunca a cerrarle las puertas de mi casa.
—Enhorabuena; ahora no podéis hacerlo, con efecto, pero gradualmente. Si no halla calor en vuestra amistad, él irá retirándose. Ciertas personas deben hallarse lo más lejos que sea posible de las gentes honradas»
Como ya era muy tarde, don Juan alargó su mano al hidalgo Medina.
—Ahora os conviene descansar un rato-le dijo»
—No sé si conseguiré conciliar el sueño.
—Intentadlo al menos.
Estrecháronse las manos, y un instante después don Juan salió de la casa.