Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo «Sé, querido doctor, que como médico de cámara del rey habéis tenido diversas ocasiones de prestarle servicios de gran importancia. Tampoco ignoro que el soberano no os negaría cualquier favor que le pidieseis por grande que éste fuese. Ahora bien, amigo mío, ¿queréis solicitar uno en mi obsequio? Sé que Va a sorprenderos mi petición, pues os consta que siempre desprecié los títulos nobiliarios y todas las manifestaciones de la vanidad. Pero ¿ qué queréis? los hombres somos hijos de las circunstancias. Yo, lo confieso sin falsa modestia, yo me creía un hombre vulgar. Sin embargo, me he convencido de lo contrario. Amigo Santibáñez, sabed que he tenido la debilidad de enamorarme; ¡yo, el hijo do la montaña, el hombre que creía tener un corazón duro como el granito! Me he enamorado, y, el padre de la deidad en quien he puesto los ojos me exige que sea noble, que tenga por lo menos pergaminos que acrediten la limpieza de mi sangre. Necesito, por lo tanto, que empleéis vuestra influencia cerca de su majestad, que exageréis mi mérito, que me pongáis a sus ojos a la altura de un semidiós.
»Mis aspiraciones son grandes, bien lo comprendo; pero vuestra influencia respecto al monarca lo es mucho más.
»Necesito que me nombren virrey de las colonias de Cibao, por lo menos de la mía y la que formó hace veinte años el hidalgo don Diego de Medina.