Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —¡ Ah, Dios mÃo!-exclamó—. ¿Y he de consentir que Antonio muera, y que mis hijos se vean sumidos en la miseria y la desesperación? ¡Esto es imposible!
Y corriendo hacia la puerta, salió en busca del confesor.
Pero antes de alcanzarle, quedóse inmóvil.
—No, nunca. Eso es un crimen más espantoso que permitir que Antonio muera, ¡Desgraciado de él y de nuestros hijos si consiguiesen la felicidad a cambio de mi deshonra!
Y volviendo al. aposento, dejóse caer sobre un sillón, deshecha en un mar de lágrimas.
Luego, enjugándose los ojos con su blanco lenzuelo, repuso:
—Dice ese miserable que el rey debe regresar pronto. ¡Ah! Entonces yo me arrojaré a sus plantas pidiéndole, en unión de mis hijos, que sea cierne
te. Y si no atiende mis súplicas, entonces apelaré a cuantos medios existen para vengarme. Poseo cartas del soberano que comprometen su buena reputación. He de ponerlas en las esquinas como pasquines de sus infamias y crueldades.
Y doña Juana se puso en pie, levantó la cabeza con orgullo y dijo:
—Quieren labrar nuestra desgracia, pero al menos, fuerza es que caigan envueltos en ella todos los que nos hieren.