Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es necesario apretar un poco, que larguen todo el aparejo»
—¿Creéis, mi capitán, que aún no estamos fuera de peligro?
—No temo a Montiño; pero conviene llegar cuanto antes a un puerto, a fin de dejar a esa pobre joven en él.
—¿Según eso, mi capitán, no pensáis que nos acompañe?
~-*En manera alguna. Como comprendes, no quiero exponerla a los peligros del mar?
—Sin embargo, ahora parece que podemos estar tranquilos. Ved que hermoso dÃa; ni un nube altera la diafanidad del cielo.
—No. obstante ya sabes que un cambio atmosférico ocurre muy fácilmente.
—Es indudable.
—Y yo no quiero que esa joven, después del susto que anoche experimentó, reciba otro.
—¿De manera que hacia dónde nos dirigimos?
—Hacia Pasajes.
Calabrote bajó del puente, y, después de ordenar a los marineros que aumentaran el velamen, volvió a colocarse en la popa.
El Rajo deslizábase sobre las ondas con una rapidez extraordinaria.
Verdad es que su casco largo y estrecho tenÃa excelentes condiciones para avanzar mucho. ;