Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo A doña Juana constábale de sobra que el confesor del rey era uno de los enemigos personales de su marido.
Hizo, no obstante, un esfuerzo, y aventuróse por la escalera.
Luego llamó en la puerta.
Un criado acudió.
—Decidle a vuestra señora, que fray Diego de Cha ves, confesor de su majestad, desea hablarla un momento.
Doña Juana, que desde la noche anterior hallábase desesperada, estaba con sus dos hijos en un aposento.
El criado penetró en él.
—Señora-la dijo—, el reverendo padre Chaves pregunta por vos.
Una mortal palidez cubrió las mejillas de la esposa de Pérez.
—¡Fray Diego de Chaves!-exclamó.
Y un relámpago de odio irradió en sus negras pupilas. Obedeciendo a sus primeros impulsos, levantóse del asiento que ocupaba.
—No es posible que ese hombre venga a esta casa con buenas intenciones. ¡Ah! ¡Quizás, no satisfecho con haber sido Ja causa de la desgracia que aflige a mi marido, ahora quiere labrar la de mis hijos!
Y volviéndose hacia el criado, le dijo:
—¿Qué le has respondido?
—Señora, como ignoraba cuál era vuestro deseo.