Roberto el pirata o el nieto del diablo

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CAPITULO XXII

Donde Calabrote cree ser colgado de una entena

No era la galera Ricardo la que había salido menos deteriorada.

El choque que sufrió contra el bergantín y las andanadas de hierro que había recibido, causáronle grandes averías que reclamaban una inmediata reparación.

Mantúvose a la capa durante el huracán, y cuando éste fué menos fuerte, John Leilán se dispuso a seguir su derrotero.

—Echad los muertos al agua-dijo el capitán inglés con acento tétrico.

Calabrote, que no había perdido el conocimiento a pesar de la herida que recibió en una pierna, y de hallarse completamente magullado por el golpe que sufrió al caer desde el trinquete de su buque a la cubierta de la galera enemiga, consideró que habían llegado sus últimos momentos.

—Estos bárbaros cumplirán al pie de la letra la orden que acaba de darles el capitán-se dijo el marañero—; y si me arrojan al agua, me es completamente imposible nadar, pues tengo una pierna herida. Además, aun suponiendo que hiciese un esfuerzo, el Rayo debe hallarse muy lejos, y si los enemigos vieran que trataba de huir, me darían inmediatamente la muerte.

Calabrote quedó pensativo.

La situación era desesperada.


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