Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Juan Roberto había formado el firme propósito de recoger al marinero y darse a La vela para América.
Las circunstancias que le rodeaban y
la fatalidad que hasta entonces le había perseguido, eran las únicas que le obligaron a aceptar el puesto que Bartolessi le encomendó.
Picado su amor propio de marino, y no comprendiendo la obstinada persecución de la galera inglesa, habíase visto en la precisión de cambiar sus fuegos con ella pero desde que había perdido a Calabrote, por quien sentía un verdadero afecto, juró en el fondo de su alma no volver a empeñarse en luchas que le arrebataban seres que estimaba.
—Si vuelvo a descubrir la vela de ese buque inglés-se dijo—, he de desplegar todo el aparejo, apelando a la fuga. Yo no he nacido para pirata, sino para hombre de bien.
Manazas hallábase en Pasajes hacía una semana. Juan Roberto estrechó su mano.
—¿Cumpliste mi encargo?-le preguntó después.
—La señorita y Teresa han quedado perfectamente en la corte.
—¿De modo que su tía doña Beatriz recibió bien a la joven?
—Muy bien.
