Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Ya me figuro para qué.
—Parece hallarse más pensativo que de costumbre.
—Dile al hidalgo que luego iré, pues ahora estoy ocupadÃsimo en lo que ya sabe.
—Perfectamente.
Mauricio salió de la casa de Carranza.
Este quedóse pensativo.
—Es indudable que empieza a extrañar lo mucho que tardo en servirle. Ahora mismo iré en busca de los que han de encargarse del asunto, y cuando todo esté corriente, veré al hidalgo. Poco importa, aunque sea muy tarde, pues don Rodrigo no se acuesta hasta que amanece.
Carranza salió de nuevo de su casa, y aventuróse por uno de los barrios más extraviados de Madrid.
—En la Tasca de las Mancebos encontraré lo que necesito-se dijo.
El antiguo histrión era profundo conocedor de las guaridas de gentes de mal vivir.
—¡Ah! ¡Si yo encontrase a Marcial, aquel mozo que le apellidaban el Bravo, era una verdadera adquisición para lo que se desea! En fin, no ha de faltar quien me sirva, yendo el oro por delante.
Y Carranza, después de cruzar algunas callejas sucias y obscuras como boca de lobo, detúvose delante de una puerta angosta y baja, sobre la que se leÃa el siguiente rótulo: Tasca de los Mancebos.