Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo La calle en que se hallaba situado el palacio de doña Beatriz de Mondéjar era una de las más concurridas y céntricas de la corte así es que cuando Carranza y los espadachines llegaron a ella, no extrañaron que algunos hombres pasasen por allí.
Entre éstos hallábanse el alguacil Anchía y unos cuantos satélites suyos, que habían abandonado sus característicos trajes de alguaciles.
Pepín, apenas sonaron las ocho en un reloj vecino, se caló su sombrero, y, embozándose en su capa, aventuróse tranquilamente por la escalera.
Cuando salió del zaguán, Carranza tocó ligeramente con el codo a uno de los espadachines.
—Ya sabéis cuál es-dijo luego—. No le perdáis de vista.
—Descuida.
Ahora yo me separo un poco de vosotros.
Y Carranza se detuvo, no continuando su camino Hasta que medió entre él y los malhechores una respetable distancia.
El alguacil Anchía espiaba hasta sus menores movimientos.
Pepín no volvió la cabeza ni una vez.
