Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Conmovedora fué la primera entrevista que tuvo lugar entre doña Juana y el prisionero.
Este se arrojó en los brazos de su esposa, que ni siquiera tenÃa el consuelo de llorar, pues el manantial de sus lágrimas habÃase agotado. Luego Antonio Pérez estrechó a su hija Gregoria y al hermanito de ésta.
—¡ Pobres ángeles mÃos! —les dijo—; ¡cuánto me he acordado de vosotros!
El secretario del rey hizo que doña Juana se sen tase a su lado.
Gregoria ocupó un asiento junto a su padre, y el niño montóse en las rodillas de Antonio Pérez.
—SabÃa qué hoy ha a tener el gustó de veros.
—¿ Quién te lo dijo?
El alcalde don Alvaro, única persona a quien he visto desde que estoy preso, si se exceptúa al carcelero.
—¡Cuánto sufrirás!
—Mucho, Juana mÃa; pues aunque el alcalde me trata con todo género de consideraciones, necesariamente tengo que acordarme mucho de vosotros, que tan buenos sois.
—Ahora, Antonio, tu prisión te parecerá menos enojosa.
—¿Por qué, Juana?
