Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Aquella misma tarde, Antonio EnrÃquez volvió a la casa de doña Juana.
—Ya he sabido que habéis visitado a vuestro esposo.
—Con efecto. Me han dicho que estuvisteis aquà durante mi ausencia.
—Tanto fray Diego de Chaves como yo os hemos estado aguardando:
—¿Qué querrÃa él confesor del rey?
—Lo ignoro; pues, como comprenderéis, no me lo ha dicho. AdvertÃ, sin embargo, que mi presencia le era enojosa, y que hallábase inquieto. Todo se le volvÃa repetir a cada instante: «Doña Juana no vuelve; sabe Dios a qué hora la veremos por aquÃ.» Y yo, comprendiendo perfectamente que su deseo era alejarme, no quise abandonar el asiento que ocupaba, aunque al venir a veros, no tenÃa más objeto que saludaros.
—¡ Ah! Tal vez la sospecha de Antonio sea cierta.
—¿Qué ha sospechado mi paisano? Me atrevo a haceros esta pregunta, pues ya sabéis la amistad que nos une.
—No lo ignoro. Mi marido me ha estado hablando de vos.
—Nos queremos mucho desde la niñez.
—Y le inspiráis una gran confianza.
