Roberto el pirata o el nieto del diablo

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CAPĂŤTULO VI

Confianzas amistosas

Antonio Pérez, como había dicho fray Diego de Chaves, se hallaba postrado en el lecho. Aunque el día anterior pudo hacer un esfuerzo y levantarse a fin de no afligir a su esposa y a sus hijos, no le fué posible veri I ficar lo mismo aquel día.

Al ver a su familia, una dolorosa sonrisa se dibujĂł en los labios del enfermo.

—¿Cumpliste mi encargo, Juana?-preguntó a su esposa,

—Sí, Antonio; las cartas del rey ya obran en poder de tu amigo Enríquez, quien me ha prometido que hoy vendrá a verte, aunque tenga que vencer obstáculos para conseguirlo.

—No los encontrará. Sé que han de permitirle la entrada, como a todos aquellos amigos que vengan a visitarme. Don Alvaro García de Toledo me lo ha manifestado esta mañana, pues creo ha recibido una carta del rey.

—En ese caso, Enríquez no debe tardar.

Con efecto, doña Juana no se equivocó.

Algunos momentos después presentóse en la estáncia uno de los criados de Pérez, que desde la noche siguiente de su prisión hallábase en la alcaidía a las órdenes de su señor.

Antonio Pérez se incorporó en el lecho.

—¿Qué ocurre, Carpí?


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