Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Es necesario que, inmediatamente, se le conduzca al mejor aposento de la casa, pues no puedo ocultarte que su juventud y su desgracia me han interesado, y tengo gran empeño en su curación.
Don Luis de Acebedo hallábase poco después en un cómodo lecho.
Entonces pudo el doctor practicar un detenido examen, viendo que la herida, aunque de gravedad, no habÃa interesado ninguna vÃscera de importancia.
—Se salvará-dijo.
Aquellas palabras, que fueron dichas entre dientes, las oyó Mauricio, quién, saliendo de la estancia del herido, empezó a batir las palmas con alegrÃa.
—¿Qué te sucede, muchacho?-le preguntó doña Ana.
—¡ Ah, señora!-respondió el interpelado—; dispensad si no he podido contener estas demostraciones de gozo, que os parecerán poco respetuosas, pero acabo de oÃr al señor unas palabras...
—¿ Qué ha dicho?
—Después de reconocer la herida de ese joven, ha asegurado que se salvará.
—Dios le oiga.
—SÃ. El no puede permitir, en su infinito poder, que ese joven muera. ¡ Y luego el señor debe ser un gran médico!
—Ha dado muchas pruebas de ello.