Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Completamente. ¿Y dices que ese joven ha visto a doña Luz?
—Y la señorita, a fin de ahorrar compromisos y disgustos al hombre que creÃa su amado, decidió volver a las Indias.
—No es posible.
—Como lo oÃs, señor.
—¡Es muy extraño! Por grande que sea la semejanza que existe entre ese joven y yo, parece imposible que doña Luz haya sufrido una equivocación de esa naturaleza.
—Pues no lo dudéis; se equivocó, como todos cuantos os conozcan se equivocarÃan.
—¿ Y dices que trata de regresar a su paÃs?
—Eso le escribió al menos á vuestra señora madre.
—¿Sabes dónde se encuentran hospedados?
—En la hosterÃa de ha Estrello, de Oro.
Perfectamente. Tan pronto como hable un instante con el hijo de Escobedo, necesito que me acompañes a esa hosterÃa.
—Cuando queráis.
Barroso se detuvo delante de una puerta que conducÃa a un espacioso zaguán.
—Esta es la casa de la viuda de don Juan Escobedo.
—En ese caso, espérame aquÃ; yo seré breve; por desgracia, es casi seguro que no he de realizar mi objeto.