Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo —Doctor, os prometo seguir vuestro consejo, aunque no sea más que con la esperanza de recobrar la salud lo antes posible.
—ConfÃo en vuestra palabra.
—Ayer ha sido un dÃa muy anormal; he tenido necesariamente que hablar más de lo que me hubiera convenido, pero hoy ya es otra cosa.
Con efecto, PepÃn cumplió su promesa.
Apenas desplegó sus labios.
Don Alonso hacÃale dos visitas diarias, y se hallaba sorprendido de los rápidos progresos que advertÃa en la curación del enfermo.
—Si no sufre un retroceso, muy en breve podrá salir un rato al jardÃn-decÃale con frecuencia al hijo de la condesa.
—¡Ah, doctor! —contestábale el joven—; mucha es mi gratitud por lo que habéis hecho conmigo; pero aún os agradeceré mucho más que salvéis a mi hermano.
Y aquellas frases eran sinceras.
Don Luis, que Se hallaba dotado de un noble corazón, apreciaba más los beneficios que recaÃan en las personas a quienes estimaba que los que le otorgaban a él.