Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Huyo el invierno con sus persistentes nieves y sus constantes lluvias.
Los árboles cubriéronse de hojas. Brotaron las flores con su diversidad de matices.
El cielo recuperó su diáfano azul.
Las aves dejaron oÃr sus melodiosos cantos contándose sus amores en halagüeños trinos.
El helado manantial empezó a afluir en multitud dé hilos de plata.
La hermosa primavera, esa grata estación del año, sonrió por todas partes, cubriendo la tierra de follaje y flores, aromas y luz.
El dÃa en que debieran verificarse las bodas de don Luis y Jacobo se aproximaba.
PepÃn habÃa recuperado por completo la salud.
Si se exceptúa las veces que salÃa de su casa con don Luis ó a visitar a don Alonso de Santibáñez no se encontraba a gusto más que en su habitación o recorriendo las frondosas calles del jardÃn que rodeaba el palacio.
Verdad es que aquél era encantador.
Las tapias hallábanse cubiertas de enredaderas y lúpulo.
Multitud de cuadros cuajados de flores ornaban la parte más próxima del edificio.
