Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Verdad es que se consideraba libre de la persecución de Colasillo, y hasta cierto punto estaba tranquilo, base muy principal para que un hombre se encuentre con buenas disposiciones de comer.
La noche tendió sus alas sobre la tierra cuando terminó don Rodrigo la cena.
—Decidme, buena mujer-preguntó a la ventera— ¿habrá en la casa un aposento para que pase la noche?
—¡Ah, señor!-respondió la interpelada-si me lo hubieseis dicho un poco antes, hubiese podido serviros; pero ahora es de todo punto imposible, pues están ocupadas las dos habitaciones que hay en la casa.
—¡Qué desgracia!-exclamó don Rodrigo contrariado, pues se encontraba allí perfectamente.
—Lo único que puedo hacer es poneros un jergón, en este aposento; y como no se trata más que de pasar una t noche...
—Acepto.
—Pero tenéis que esperar a que sea un poco más tarde, pues ahora pueden venir algunos parroquianos.
—Bien, esperaré; no estoy muy fatigado.
—A las nueve cierro la puerta; y muchas veces antes.
—Lo creo; después de esa hora, y con el tiempo que hace no me parece que nadie tenga el raro capucho de venir aquí.
—No es probable, señor.