Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Mientras tenían lugar los sucesos narrados en capítulos anteriores, preparábanse en Portugal nuevos acontecimientos que habían de influir poderosamente en España, aumentando el predominio que ejercía en toda Europa Felipe II.
Su decadencia estaba próxima, y por lo mismo brillaba más la estrella de su destino, cuyos fulgores debían, si no extinguirse, atenuarse por lo menos durante algunas centurias.
El joven rey de Portugal, cuya romántica existencia fué un meteoro de corta duración, acababa de entrar en el pleno ejercicio de su elevado cargo.
Muerto su abuelo don Juan III, y cuando sólo contaba tres años, don Sebastián, el rey de la leyenda, heredó la corona de Portugal.
Durante su menor edad, empuñaron las riendas del gobierno su abuela doña Catalina, hermana de Carlos I, y su tío el cardenal don Enrique.
Desde que la razón se abrió paso cuando su niñez tocaba ya en la juventud, empezó a revelar los guerreros instintos y los ardientes y generosos pensamientos que habían de ocasionar su ruina, haciéndole perder corona y vida