Roberto el pirata o el nieto del diablo
Roberto el pirata o el nieto del diablo Catorce años después de los acontecimientos que acabamos de narrar, o sea en 1595, al concluir un hermoso día de primavera, poco antes de la hora del crepúsculo, entraba en la villa de Madrigal, en la provincia de Ávila, partido de Arévalo, caballero en una muía escuálida, un hombre como de unos cincuenta años, cuyo traje, todo negro y a la usanza de la época, hacía resaltar más la palidez de sn semblante.
Este, completamente rasurado, ofrecía un tipo especial, entre hombre de letras y hombre de espada, según la expresión que daban sus ojos a sus facciones.
Cuando sus labios finos y delgados se movían, igualmente se separaba de ellos una antífona que ana maldición; aquella cabeza rapada lo mismo hubiera podido bus tentar el casco de un caballero que el capillo del fraile.
Montaba con cierta marcialidad; y al levantar la cabeza para mirar a la derecha o a la izquierda parecía buscar filas de soldados puestos a sus órdenes.
Pero cuando el fuego de su mirada se apagaba, era un hombre vulgar y ya no imponía respecto. Al llegar a la plaza se detuvo, y miró a uno y otro lado, como si buscase algo.
No hallándolo sin duda, esperó a que llegase un mozo que caminaba a pie hacia donde él se había detenido.
Cuando estuvieron al habla, le preguntó.
